lunes, 3 de mayo de 2010

Martirio, personal e intransferible

A mediados de la década de los ochenta, había un programa musical (que tiempos aquellos en que había programas musicales en la televisión) en TVE (por aquella época la única) que se llamaba Planta Baja y que, si la memoria no me falla, presentaba un tipo llamado Enrique Simón. Allí la vi por primera vez. Se hacía llamar Martirio y se había propuesto, con la ayuda de Kiko Veneno, revitalizar un género que, por entonces, no vivía sus mejores momentos. Me refiero, por supuesto, a la copla. Con su imagen postmoderna, parapetada tras unas enigmáticas gafas de sol y un sinfín de peinetas a cada cual más marciana, Martirio cantaba las letras, a medio camino entre el surrealismo y el costumbrismo, de un Kiko que andaba buscando su camino propio, después de la maravillosa etapa venenosa, junto a los hermanos Amador.
Viene esta introducción a cuento porque, en estos días, Martirio o Maribel Quiñones, tanto monta, celebra nada más y nada menos que su vigésimo quinto aniversario por los escenarios de medio mundo. Y lo hace a lo grande. Primero con un magnífico disco, grabado en directo, en la sala Luz de Gas de Barcelona y titulado, como no podía ser de otra manera 25 años en directo y además, pregonando ese mismo espectáculo por los cuatro puntos cardinales.
El viernes pasado, última noche de abril, tuvimos ocasión de verla sobre el escenario del Teatro Calderón de Motril. Para un aforo de unas ciento cincuenta personas, Martirio fue desgranando un puñado de canciones que, por derecho propio, forman parte del imaginario colectivo de este país. Acompañada por una instrumentación minimalista, (Jesús Lavilla, al piano, y Raúl Rodríguez, a la guitarra, por cierto, ¡vaya pedazo de músicos!), Martirio demostró que no se necesita más, para llenar un escenario. En las casi dos horas que dura el espectáculo, van cayendo, una tras otra, todas las magníficas canciones que la han hecho tan grande: desde aquellas primeras composiciones de Kiko (“El productor”, “Madurito interesante” o “Estoy mala”) hasta sus personalísimas versiones de los clásicos de la copla de toda la vida: “Ojos verdes”, “La bien pagá”, “Mi marío” o la extraordinaria “Torre de arena”, con unos arreglos jazzísticos que la convierten en uno de los momentos álgidos del concierto. Pero hay mucho más en estos conciertos de aniversario. Hay homenajes nada velados. Por ejemplo, a Carlos Cano (“María la portuguesa”); a Carlos Gardel (“Volver”) a Miguel de Molina (“Compuesta y sin novio”), a su Huelva natal (alucinantes esos “Fandangos” de Toronjo casi a ritmo de rockabilly) Hay, como ya hemos dicho, copla, hay jazz, hay flamenco, hay tango, hay bolero, hay son, y hay mucho, pero que mucho, swing. Y sobre todo, lo que hay, es sentimiento a flor de piel. Todo esto, metido en una coctelera, bien agitado, mezclado con una pizca de humor, otro poquito de cabaret, un chorrito de complicidad con el público, buen gusto a raudales, y una voz que se sabe heredera de toda una tradición y que emociona como pocas; todo esto, repito, bien mezclado, y servido en un teatro, se llama Martirio. Y uno sale del concierto con la sensación de que ha asistido, por un instante, a un ritual único, y que por allí, por la semioscuridad de aquel teatro, se ha visto pasar a Billie Holiday y a Concha Piquer y a Carlos Cano y a Nina Simone y a Compay Segundo y a Pericón de Cai. Y uno sale de allí con un regustillo en la boca y unas cosquillas en el estómago que, si no lo son, se parecen mucho a la felicidad.
Y el próximo cinco de noviembre, en Salobreña. Allí estaremos.

1 comentario:

  1. Uno de los pocos comentarios musicales que haces con el que estoy de acuerdo. Totalmente. Yo añadiría, además, que la Martirio de hoy es el resultado de un trabajo de muchos años y muy bien orientado, sin grandes ambiciones pero con importantes logros alcanzados. Es el tipo de artista que satisface, porque así se siente ella, porque sin pasar por el proceso esclavizador que te lleva a una técnica depurada ha llegado a un punto óptimo, lo suficiente, para hacer arte, disfrutarlo y orgullecerte del efecto que produce en los demás. Sin duda, un tipo de persona inteligente en esto de vivir.

    ResponderEliminar

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.